Ayer, en el cine de pantalla IMAX pusieron una película interesante y de muy buena calidad. Estaba tan bien hecha que hasta te daban ganas de recomendársela a todos los que ibas encontrando por la calle.
Hoy en el cielo pusieron unas nubes recién hechas, y aparecieron unos colores improbables y unas gotas de lluvia movidas por el viento... Los efectos especiales eran tan geniales que hasta parecía real todo lo que me rodeaba. Y además todo tenía olor - la tierra, y también el agua que me convertía en una persona llovida. Los efectos de sonido del mundo tampoco dejaron nada qué desear y lograron que me sintiera dentro de una escena montada por profesionales. Puedo afirmar que eso estuvo mucho mejor que la función de ayer en el cine. Además fue gratis, y me informaron que casi todos los días se organizan ese tipo de espectáculos - no entiendo por qué casi nadie asiste a ellos. Todos prefieren ir al cine, encerrarse en sus casas o taparse herméticamente los oídos con esponjas ruidosas.
Se me ocurre que escuchar música con los audífonos es estar aislado del mundo... Aíslado, sí, como en alguna isla oceánica. Te hace no pensar, no ver, no escuchar, no oler. Te hace perderte la función que se vive todo el tiempo alrededor tuyo- esa función que, aun siendo la mejor de las obras maestras, pasa desapercibida la mayoría de las veces - es que no tenemos que pagar nada para verla.
Algunas noches sucede que no puedo dormir por exceso de sensaciones o pensamientos que me asaltan mientras yazgo en mi cama. Las imágenes se despliegan ante mí como en una proyección de largometraje. Los recuerdos invaden mi cerebro, me hacen sonreír excesivamente, me hacen preocuparme, me vuelven a dar nervios, me da risa al recordar la angustia.. y mi cerebro no hace caso a mi deseo de empezar a dormir... sigue delirando sobre lo que pasará mañana.. le gusta soñar concientemente y a voluntad y disfruta manipulando mis sueños de forma que siempre todo resulte de la manera ideal... así se resiste a cederle el paso a la inconciencia.
Pero que pasa si en ese momento, así acostada con la luz apagada, me pongo los audífonos y bajo el volumen casi al máximo?
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La actividad consciente se reduce a una línea recta como la que aparece en el aparato que marca la frecuencia cardíaca un segundo después que una persona ha fallecido.
Los audífonos no sólo son unos tapones que te aíslan de lo que está afuera, sino que son unos inyectores en sí mismos. Por lo tanto, en lugar de tener la actividad consciente normal, en lugar de recordar, de planear, de sentir por segunda vez, en lugar de actuar, el cerebro recibe ondas pasivamente y por lo tanto su actividad se reduce de manera considerable. Conecto el input y el output puede entonces descansar. En ese momento el inconsciente y el subconsciente conquistan el campo de batalla y entonces estoy lista para dormir, pues que ya no hay más distracciones de la conciencia.
Pasa algo similar cuando vamos por la calle con los audífonos a todo volumen. Vemos, pero no observamos. Olemos pero no disfrutamos. Oímos... No, no podemos oír nada a parte de lo que nos inyecta la jeringa MP3.
La verdad es un invento genial, esa jeringa. Muchas veces te salva del aburrimiento durante largas horas de viaje. Como ya dije también es un buen somnífero, otras veces te ayuda a concentrarte si estás realizando algún trabajo físico o si estás haciendo tarea. El ritmo de la música te ayuda a actuar más rápido y te vuelves más eficiente... precisamente porque actúa como barrera contra los estímulos del entorno.
Si sales a correr con los audífonos puestos es probable que corras más distancia sin hacer más esfuerzo, puesto que la música te distrae incluso del cansancio.
En fin, el MP3 y los audífonos tienen un gran potencial y son de mucha ayuda en circunstancias determinadas. Lo problema surge cuando no sabemos diferenciar entre el uso efectivo y el uso excesivo de estos instrumentos. Tal vez también les deberían poner una etiqueta: el uso excesivo de este producto puede dañar su salud, afectar las relaciones sociales, provocar la pérdida de experiencias que pudieron haber valido la pena y de ideas geniales, de recuerdos no recordados y de planes no hechos.
Ponerte los audífonos es un poco como apagar tu cerebro. Como no estar en el cuarto. Como no estar disponible para la otra persona.
Yo tenía un "amigo". A veces íbamos a pasear y él llevaba sus audífonos puestos. Para qué salir juntos a pasear entonces? Pude haber ido yo sola y hubiera sido lo mismo.
Tener los oídos ocupados con una grabación es perderse conversaciones nuevas, sonidos nuevos. Y sin embargo bien seguido preferimos escuchar canciones ya mil veces escuchadas.
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