Tuesday, May 12, 2009

Oquedal de Caducifolias

Y si yo me pudiera quitar el cuerpo dencíma como quien se quita un suéter, qué quedaría? Me reconocería a mí misma o me desvanecería en el ambiente?

Mah, yo más bien iría a jugar con los rayos y los relámpagos. De pronto jugaríamos a ver quién llega más rápido al cerro, al ciprés o al mástil del barco. Desafiaríamos las jabalinas, las balas. A ver alcáncennos si pueden, veremos quién es la mejor arma. El cañón mismo se estremecería al oír nuestro rugido: PRRRUMM!! Haríamos ver que sin ser líneas rectas somos la forma más rápida de llegar del cielo a la tierra. Díganle a los euclidianos.
Así pues, cuando nos enfadáramos de jugar carreras, los rayos jugaríamos tiro al blanco. O al rojo, o al azul de la laguna.. Y después tiro al árbol, tiro al poste del alumbrado, y al final de la tormenta contaríamos quién es el que más ha tirado. Seríamos semejantes a saetas poderosas que alcanzan siempre su objetivo, su deseo, que lo único que necesitan es un punto en el cuál poner su ojo.

Satisfecha de impactos y destruéndos, me ataría a las alas del viento y partiría hacia nuevos lugares. Me dejaría respirar por el gato montés, o llevaría el olor de un valle fértil a la estepa.

Si yo no fuera de piel, me volvería hoja de árbol caediza. Y en el otoño sería la primera en empezar a caer. El primer día caería un poco pero cada día caería más lejos. Luego por fin al llegar a tierra, me acordaría de las hojas pusilánimes que no se atreven a soltar la rama, que sienten vértigo y que se aferran hasta quel mismo árbol de sí las sacude. Permanecería así varios días, caída en silencio.

Si yo fuera aun más pequeña, digamos del tamaño de una ardilla, subiría a la espalda de un cisne y no dejaría nunca de abrazar su cuello.

Si mar - borraría las huellas de todos los que pasan sobre mi espalda, de forma que siempre pareciera que nadie ha nunca zurcado mis aguas. Nadie dejaría cicatríz sobre mi faz, jaja! Eliminaría la evidencia obligándolos a hacérse un camino nuevo. Porque la espuma tiene un color que es blanco, como las margaritas, pero la espuma de ola dura poco.

De ser yo una estrella, me posaría sobre una vela y alumbraría cándidamente sin derretir la cera. O mejor me dividiría en dos y refulgiría en los ojos de un niño hasta que llegara a viejo, o hasta que diera cien pasos.

Mas, si fuera el eco de una montaña, tendría que hablar con los que hablan y callar con los que callan, todos me juzgarían un buen eco.

Si fuera pues una aparición, tocaría la puerta antes de entrar y me pondría maquillaje para no lucir tan pálida.

En caso de arco iris, me colocaría en un lote de juegos infantiles para que todos los niños sintieran la adrenalina al deslizarse por una simple y colorosa resbaladilla.

Mah.. pero no soy sino una pequeña persona que dura poco,
que apunta detenidamente y yerra,
que cae aunque no sea otoño,
que las líneas rectas que tiene, penden de su cabeza a la tierra,
que calla mientras le hablan
y que se desliza pálidamente, sin ojos destrélla.

2 comments:

Alonzo said...

y si tan solo fueramos tan pequeños como la criatura mas pequeña en este mundo tendriamos caminos muchos mas largos que descubrir y recorrer para maravillarnos con su grandeza,,,

hola prima, un saludote, y un abrazote

DYANA said...

Pepeeeeeeee!=)
Que alegría verte por aquí..

Chequé tu blog pero no encontré ningún post tuyo.. no pude poner ningún comentario. =/