Tuesday, October 06, 2009

Apéndice de otro

Cuando el sol se estuvo arriba, las sombras se detuvieron a descansar lo más debajo de los árboles, en lo fresco. Yo saqué mi sombra portátil, la extendí en el suelo antes que alguien notara algo raro en mi existencia - a nadie le gustan los caminantes diurnos asombrados - pero no supe si la sombra me seguía a mí o si yo seguía a la sombra, noté que siempre nos movíamos a la misma velocidad.

A ella le disgustaba la luz, me acuerdo, y le huía. En cuanto se hacía de noche y veía un auto venir con los faros encendidos, se apresuraba a refugiarse detrás mío. Por eso digo que a veces la seguía yo y a veces me seguía ella. Si caminaba yo hacia la luz, se atrasaba ella arrastrando los pies; si caminaba yo hacia lo oscuro se adelantaba y le urgía llegar, me dejaba atrás prolongándose varios metros frente a mí.

Cuando me metía a un cuarto donde ella sabía que no ardía ninguna flama, se regocijaba en extremo y se expandía por todo el lugar tan pronto yo cerraba la puerta tras nosotras.

Hasta por la posición de la sombra se puede saber hacia dónde se va. Por eso nos fue dada a cada uno una sombra. Es pues como nuestra brújula. Si te encuentras perdido en un día, quieres tomar un camino y no sabes si su fin será oscuro o luminoso, pregúntale a tu sombra si le interesa ir adelante.

Mejor dejar que la sombra lo siga a uno, claro. Mejor no seguir a la sombra, oscuro.

La sombra es muy ágil y se mueve rapidísimo a fin de nunca topárse cara a cara con la luz. Sin embargo, a diferencia nuestra, no tiene la habilidad de mentir. De eso también me di cuenta. Y uno entonces puede confiar plenamente en lo que por default carece de la habilidad de mentir, sin importar cuáles puedan ser sus intensiones. Ella siempre te tratará de convencer de que no vayas hacia la luz, pero siempre te mostrará fielmente donde se encuentra aquélla.

Esa noche oscureció aun más cuando retiraron las estrellas. La sombra lógicamente se dilató de felicidad en todo el rededor mío, se fundió con la sombra del árbol, con la sombra del edificio y con la sombra que dejaba el auto en la carretera al pasar. Al fin pudo salir a pasear a gusto.
Es que las noches oscuras son para las sombras, lo que los días soleados son para los paseantes.

1 comments:

k said...

Me hace recordar esas noches en las canchas de tennis, esas veces donde tenía 4 sombras y todas parecían tener ganas de correr despavoridas en medio de tanta luz. Lástima estaban más unidas a mi que mi raqueta misma.