Si Dios me ama, quién podrá dañarme?
Entiendo que lo que en realidad quieres decir es Si Dios está contigo quién puede estar contra ti.
Porque Dios nos ama a todos y sin embargo no está con todos, ni dentro de todos.
Bueno, decía, si Dios está conmigo nadie puede hacerme contra. Y aun si Dios no permitiera y si día con día no permite que nada ni nadie me dañe, no significa que ya me salvé de todo.
Lo más peligroso todavía sigue estando cerca. Lo más peligroso para mí soy yo misma. Yo, con todo y cada uno de mis componentes.
Mi cuerpo, que tiene sus deseos, que busca sus placeres, que se atrofia y manda señales incompletas al cerebro. Que es vanidoso y piensa que como es lo único que se ve es lo que más importa.
Mi cerebro, que procesa erróneamente las señales incompletas que le llegan del cuerpo y se cree todo lo que viene de esa fuente.
Mi corazón, que muchas veces me traiciona, que es voluble, que se asusta y relincha, que unas veces es temerario y otras veces es cobarde y quiere huir, que quiere correr hacia donde pone sus ojos.
Mi mente, que se cree muy eficaz, que es muy orgullosa y piensa que es la que llega a las mejores conclusiones en menos tiempo. Que es poco humilde y xenofóbica, despreciando todo lo que viene de otros como si sólo ella supiera qué es lo mejor y cómo se deben hacer las cosas.
Ahora bien, todos sabemos que el cuerpo se puede cuidar, se puede mantener en forma, se le puede dar un buen mantenimiento haciendo ejercicio, llevando una buena alimentación, se le puede embellecer con vestiduras, accesorios, perfumes, etc. El cuerpo puede fortalecerse o debilitarse según se le trate.
El corazón en realidad también puede ser domesticado, pero se requiere mucha dedicación y disciplina por parte de los demás elementos del ser. Al corazón entonces, también se le puede dar mantenimiento y poner en forma. También puede llegar a ser más fuerte.
El cerebro y la mente también pueden cultivarse, pueden adquirir mayor inteligencia y ciencia. Más conciencia. Sus facultades y habilidades también pueden ser ejercitadas y mejoradas. Pueden tener un mejor desempeño y fortalecerse.
El espíritu no es la excepción. El espíritu también puede llegar a ser más fuerte, también se le debe poner atención. Y sin embargo es la parte del ser humano que más se desatiende. Siempre tenemos las prioridades invertidas. Se la otorga la mayoría de la atención a la apariencia y al cuerpo, siendo lo que menos lo merece, puesto que es lo más temporal, lo más vulnerable, lo menos esencial. En segundo lugar se le pone atención a la mente, aunque en realidad la mente y el cerebro deberían merecer más atención que el cuerpo pues son más duraderos y lo que la mente contiene y lo que la mente de un humano puede llegar a hacer es de más relevancia que lo que se puede hacer con el cuerpo.
El espíritu llega en último lugar siendo que merece el primero. Si el espíritu está atado, si está poseído, si está encadenado, si no es libre, entonces no importa el estado mental ni sus convicciones, el espíritu hará actuar a la mente de cierta forma, (aún en contra de sus convicciones, aún cuando la razón comprende que su proceder es absurdo) y la mente y el cerebro a su vez, harán actuar al cuerpo de forma específica. Pero, puesto que el espíritu está débil no puede tener un control adecuado sobre los demás componentes. Como consecuencia es posible que el corazón corra desbocado, lastime a otros y que se lastime a sí mismo. Es posible que el alma se contamine con odio, rencor, deshonestidad, engaño. Es posible que el cuerpo también se ensucie, se desgaste, se enferme, se contamine con diferentes sustancias, se pierda el control sobre la lengua, sobre los ojos. Es posible que la mente crea fácilmente engaños, es posible que pierda su facultad de pensar claramente, se confunda y yerre en sus juicios. Es posible que deje de pensar cuerdamente y acepte cualquier cosa que se le plantee sin poner resistencia.
Lo más esencial, lo más duradero, lo primordial y más importante es por lo tanto el espíritu. Aunque el cuerpo se desgaste, aunque el cerebro se atrofie, aunque la mente pierda su lucidez, aunque el corazón se endurezca, y aunque el ser humano finalmente muera, lo único que permanecerá será el espíritu.
El cuerpo y la apariencia pueden ser tal vez poco atractivas, la mente puede ser tal vez poco cultivada, mas si el espíritu es un espíritu limpio, que busca en todo tiempo estar en sintonía con el espirítu de Dios, entonces esa será una persona valiosa.
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