Sunday, May 16, 2010

Seguridad ilusoria

Que la Liebre se quedó muy dormida porque sabía que era mucho más rápida que la Tortuga y así perdió la carrera, cuentan a los niños.


La Liebre era sin duda más rápida y más apta para ganar que la Tortuga, lo que la hizo perder fue que ella puso su confianza en este hecho y tuvo un exceso de seguridad en sí misma.

Es precisamente esto, el exceso de seguridad en nosotros mismos, lo que nos trae problemas y lo que nos hacer ser vencidos fácilmente aun teniendo la capacidad de ser por mucho, los primeros. No es tanto la gran habilidad ni la superioridad de los demás lo que nos vence, sino el exceso de importancia que le damos al hecho de que podemos obtener la victoria tan pronto como lo decidamos.

Ser veloz no es en absoluto una desventaja al empezar una carrera, así como ser el único veloz entre todos los participantes tampoco sería causa de angustia para nadie. Al contrario. Entonces por qué estando en el estado más ventajoso posible no se gana?

La Liebre estaba consciente de su rapidez, y de su superioridad ante la Tortuga. Sabía que podía ganar sin problemas y sin esfuerzo.

La Tortuga estaba también bien consciente de su lentitud, y convencida de su inferioridad. Sabía que, de querer ganar, tenía que esforzase, pues los lentos no ganan así nada más. Los que se encuentran en desventaja no tienen éxito sin razón ni esfuerzo.

A veces creo que sería mejor no estar conscientes de las cosas en las que somos buenos. Si la Liebre no hubiera sabido que ella era veloz y que la Tortuga no lo era, se habría esforzado en llegar a la meta sin demora. Pero ella se sabía capaz.

Muchas veces tenemos una opinión demasiado alta de nosotros mismos, confiamos demasiado en nosotros y en nuestras fuerzas, y en nuestras habilidades.

Es bueno sentirse seguro de poder ganar, sí, pero no confiando en lo fuerte que soy, sino en mi resolución de no descansar hasta haber logrado el objetivo. Saber que puedo ganar porque así me lo he propuesto, y no porque me crea el más apto en obtener la victoria.

La clave no está en tener confianza, sino en depositar esa confianza en el lugar correcto.

No se nos ha dicho ya que no es de los veloces la carrera, ni de los fuertes la batalla?

Eres fuerte? Pon entonces atención, porque es posible que a ti te toque luchar más - contigo mismo y con tu exceso de confianza en tu fuerza. Y con tu sentimiento de superioridad. Y con tu desprecio hacia los que sabes que no son tan fuertes como tú.

La Tortuga no ganó por rápida ni la Liebre por lenta perdió.

Entre habilidad y actitud, vemos que es más ventajosa la actitud.

No importa entonces que tan poco hábiles seamos, mientras dentro nosotros exista la determinación y el esfuerzo suficientes, mientras nuestros ojos no se cierren para descansar sino que se mantengan siempre fijos en la meta durante el tiempo que dure la carrera.

Tal vez deberíamos actuar como si tomáramos en poco nuestras habilidades, como si desconfiáramos de nuestras ventajas, como si dudáramos de nuestras capacidades y de nuestras fuerzas. Pues en realidad todo esto es muy poco y vano, y no es en absoluto suficiente en esta vida. Lo más importante es lo que está dentro nuestro.

Que las tortugas les ganen a las liebres es una ironía. Bien por las tortugas, claro, pero qué decepción por las liebres. Y en este mundo a todos nos toca ser a veces tortugas y a veces liebres.

Cuando seamos tortugas, tengamos la actitud de la Tortuga. Y cuando seamos liebres, tengamos la actitud de la Tortuga también. Empero lo mejor sería tener la habilidad de la Liebre y la actitud de la Tortuga.

Porque no son los más fuertes los que conquistan, ni los más veloces son los vencedores, ni los ricos son los más satisfechos. Sino que los prudentes son los victoriosos, y los humildes los complacidos.

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